







Oncología
La oncología (también, cancerología) es la rama de la medicina que estudia y trata las neoplasias, con especial atención a los tumores malignos o cáncer. Como especialidad médica, derivada del tronco de la medicina interna, se dedica al diagnóstico y tratamiento del cáncer, centrada en la atención del enfermo de cáncer y su tratamiento, entre otros por medio de la quimioterapia, terapia hormonal y otros medicamentos, mientras que como especialidad quirúrgica se encarga de la extirpación del tumor y de los tejidos circundantes, y la oncología radioterápica aprovecha la radioterapia para tratar el cáncer.
Los oncólogos que atienden a pacientes se conocen como oncólogos clínicos, para distinguirlos de aquellos que realizan investigación relacionada con el cáncer, pero sin contacto directo con el paciente. Los cirujanos oncólogos, son aquellos cirujanos especializados en la resección de tumores, esta especialidad no está reconocida en muchos países, entre ellos España. Hay países, como el Reino Unido, en los cuales los oncólogos clínicos están cualificados para recomendar tanto la quimioterapia como la radioterapia, aunque en otros países existe subespecialidades en función del tipo de tratamiento que se utiliza, por ello se distinguen 2 tipos de oncólogos:
Oncólogos médicos, son quienes utilizan los fármacos antineoplásicos, es decir, la quimioterapia y la inmunoterapia. Oncólogos radioterápicos, especialistas que utilizan tratamientos con radiaciones, también conocidos como radioterapia. También podemos dividir la oncología en subespecialidades, dependiendo del tipo de pacientes que atienden:
Ginecólogos oncólogos, especializados en los tipos de cáncer propios de la mujer. Oncólogos pediátricos, especializados en el cuidado de niños con algún tipo de cáncer. Ortopedistas oncólogos. Se dedican exclusivamente al estudio, diagnóstico y tratamiento de los pacientes portadores de tumores óseos y de partes blandas mediante resección tumoral y a la reconstrucción quirúrgica empleando prótesis o trasplantes óseos. Hematólogos oncólogos. Estudian los cánceres que se originan en los órganos encargados de formar la sangre. Esta rama se considera generalmente como una especialidad de la hematología.
La historia clínica sigue siendo una importante herramienta de cribado: el carácter de las quejas y los síntomas inespecíficos (como fatiga, pérdida de peso, anemia inexplicable, fiebre de origen desconocido, fenómenos paraneoplásicos y otros signos) pueden justificar una investigación más exhaustiva de la malignidad. Ocasionalmente, un examen físico puede descubrir la localización de una neoplasia maligna.
Los métodos de diagnóstico incluyen:
Biopsia o resección; estos son métodos mediante los cuales los crecimientos neoplásicos sospechosos pueden ser extirpados en parte o en su totalidad, y evaluados por un patólogo para determinar la malignidad. En la actualidad, se trata de la regla de oro para el diagnóstico del cáncer y es crucial para guiar el siguiente paso en el tratamiento (vigilancia activa, cirugía, radioterapia, quimioterapia o una combinación de éstas). Endoscopia, ya sea gastrointestinal superior o inferior, cistoscopia, broncoscopia o nasendoscopia; para localizar zonas sospechosas de malignidad y biopsia cuando sea necesario. Radiografías, Tomografía axial computarizada (TAC), Imagen por resonancia magnética, ecografía (ultrasonido) y otras técnicas radiológicas para localizar y guiar la biopsia. Gammagrafía, Tomografía computarizada de emisión monofotónica (SPECT), tomografía por emisión de positrones (PET) y otros métodos de medicina nuclear para identificar zonas sospechosas de malignidad. Análisis de sangre, incluidos marcadores tumorales, que pueden aumentar la sospecha de ciertos tipos de cáncer. Aparte del diagnóstico, estas modalidades (especialmente la obtención de imágenes por Tomografía axial computarizada) se utilizan a menudo para determinar la operabilidad, es decir, si es quirúrgicamente posible extirpar un tumor en su totalidad.
En la actualidad, el diagnóstico tisular (a partir de una biopsia) por un patólogo es esencial para clasificar correctamente el cáncer y orientar el siguiente paso del tratamiento. En muy raras ocasiones, cuando esto no es posible, puede considerarse una "terapia empírica" (sin un diagnóstico exacto), basada en las pruebas disponibles (por ejemplo, antecedentes, radiografías y escáneres). En muy raras ocasiones, se encuentra un bulto metastásico o un ganglio linfático patológico (normalmente en el cuello) para el que no se puede encontrar un tumor primario. Sin embargo, los marcadores inmunohistoquímicos suelen indicar claramente la malignidad primaria. Esta situación se denomina "malignidad de origen primario desconocido" y, de nuevo, el tratamiento es empírico y se basa en la experiencia previa sobre el origen más probable.
Dependiendo del cáncer identificado, en ese momento se administrarán cuidados de seguimiento y paliativos. Ciertos trastornos (como la ALL o la AML) requerirán ingreso inmediato y quimioterapia, mientras que otros serán objeto de seguimiento con exámenes físicos y análisis de sangre periódicos.
A menudo, se intenta operar para extirpar un tumor por completo. Esto sólo es factible cuando existe cierto grado de certeza de que el tumor puede extirparse. Cuando es seguro que quedarán partes, la cirugía curativa suele ser imposible, por ejemplo, cuando hay metástasis, Ocasionalmente, cuando el tumor ha invadido una estructura que no se puede operar sin poner en riesgo la vida del paciente. En ocasiones, la cirugía puede mejorar la supervivencia aunque no se haya extirpado todo el tejido tumoral; el procedimiento se denomina "citorreducción" (es decir, reducción de la cantidad total de tejido tumoral). La cirugía también se utiliza para el tratamiento paliativo de algunos tipos de cáncer, por ejemplo para aliviar la obstrucción biliar o los problemas asociados a algunos tumores cerebrales. Los riesgos de la cirugía deben sopesarse frente a los beneficios.
La quimioterapia y la radioterapia se utilizan como terapia radical de primera línea en varias neoplasias malignas. También se utilizan para la terapia adyuvante, es decir, cuando el tumor macroscópico ya se ha extirpado quirúrgicamente por completo pero existe un riesgo estadístico razonable de que reaparezca. La quimioterapia y la radioterapia se utilizan habitualmente para la paliación, cuando la enfermedad es claramente incurable: en esta situación, el objetivo es mejorar la calidad de vida y prolongarla. La manipulación hormonal está bien establecida, sobre todo en el tratamiento del cáncer de mama y de próstata.
Actualmente se está produciendo una rápida expansión del uso de tratamientos con anticuerpos monoclonales, sobre todo para el linfoma (Rituximab) y el cáncer de mama (Trastuzumab). Las vacunas y otras inmunoterapias son objeto de intensa investigación.
